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Sinhogarismo femenino: invisibilizadas y expulsadas del espacio público

Este 8 M, Día Internacional de la Mujer, nos gustaría subrayar y analizar la violencia continua y sistemática que las mujeres en situación de sinhogarismo experimentan día tras día en sus entornos y en los espacios públicos.

Hablar de sinhogarismo femenino implica no perder de vista dos elementos que inciden en la vida de las mujeres: la pobreza extrema y la violencia. Las mujeres sin hogar se ven obligadas a ir de la mano de una violencia sistémica y una pobreza intensa y cronificada que atraviesan su día a día. A veces, estos son los desencadenantes de la situación de sinhogarismo, en otras ocasiones se convierten en condiciones que persiguen continuadamente a las mujeres sin hogar, dificultando la ruptura de su situación de precariedad y la salida de la rueda del sinhogarismo.

Sería incorrecto y poco preciso pensar que las mujeres terminan en situación de sinhogarismo por casualidad o elección propia. Cuando hablamos de este concepto no debemos perder de vista uno de los principales factores que empuja a las mujeres a esta situación: la feminización de la pobreza. La pobreza, ese fenómeno arrollador y sistemático que nace de un fallo del sistema institucional y social que afecta a parte de la ciudadanía en mayor situación de vulnerabilidad, se muestra implacable cuando hablamos de mujeres.

Según el último informe de ONU Mujeres y UNDESA “Progreso en los Objetivos de Desarrollo Sostenible: El Panorama de Género 2023”, aproximadamente el 8% de la población femenina mundial se encontrará en situación de pobreza extrema en el año 2030. Esta pobreza se ve reflejada en la falta de oportunidades, la dificultad de acceso al mercado y desarrollo profesional, la inestabilidad laboral, la carga dual y simultánea de trabajo externo y en los hogares, el desplazamiento de la figura de la mujer exclusivamente a los cuidados o la dependencia para la estabilidad económica o la imposibilidad de acceso a derechos básicos como la seguridad o la salud.

Resulta innegable, por lo tanto, la existencia de una relación causa-efecto entre la pobreza y el sinhogarismo femeninos. Las mujeres, que día a día se ven expuestas a una mayor situación de discriminación, a la pobreza y violencia normalizadas y a un mal trato por parte de la esfera política y social, se ven empujadas a vivir en situación de sinhogarismo y lo que este conlleva. Así, y a pesar de la mayor invisibilización a la que el sinhogarismo femenino se ve sometido, no es de extrañar que las cifras de mujeres que carecen de hogar no paren de aumentar. Es importante tener presente que las mujeres recurren a mecanismos previos y alternativos─ muchos de ellos plagados de violencia y que en absoluto son equiparables a un hogar─ antes de verse en situación de calle. Aun así, el peso proporcional que representan las mujeres sin hogar ha aumentado de un 19,7% en 2012 a un 23,3% en 2022 según los datos de la Encuesta de Personas sin Hogar del INE. Además, es necesario destacar el crecimiento del sinhogarismo juvenil progresivo y especialmente agudo en mujeres de la tercera edad, aumentando de un 3,8% a un 5,5%. 

Por otro lado, las ciudades y pueblos se están convirtiendo en entornos hostiles que dificultan el uso de los espacios comunes y que expulsan a las personas de las calles cuando no han elegido vivir en ellas, también para las mujeres sin hogar. Según el Observatorio HATEnto alrededor del 47% de las personas en situación de sinhogarismo han sufrido una agresión o delito de odio. Además, el 60% de dichas agresiones se realizaron en los espacios donde las personas dormían. Estos datos son alarmantes, sobre todo, cuando a diario vemos cómo se instalan elementos de arquitectura hostil. Bancos divididos o soportales con pinchos hacen que las personas que no tienen hogar se desplacen buscando otros espacios donde “sentirse seguras” sin resolver el problema de base. La arquitectura hostil termina por invisibilizar el sinhogarismo femenino, pero no acaba con él. La solución más eficaz es la oferta de una vivienda digna.

Como decíamos antes, el hecho de carecer de un hogar tiene un claro vínculo con la violencia y la vulneración del derecho a la seguridad de forma permanente. Es importante señalar que un 22% de mujeres han acabado en situación de sinhogarismo por haber tenido que abandonar su domicilio debido a la existencia de violencia de género en la misma (Estrategia Nacional para la Lucha contra el Sinhogarismo en España 2023-2030). A su vez, se ven obligadas a habitar espacios donde no existe protección y se reconoce una mayor exposición. Un 50,6 % afirman haber sido víctimas de algún delito o agresión durante su situación de sinhogarismo (INE Encuesta sobre las personas sin hogar, 2022). Tampoco podemos pasar por alto la exposición a la violencia sexual: el 19% identifican haber sido violentadas sexualmente en algún momento de su vida de acuerdo con los datos ofrecidos por el Ministerio de Igualdad en la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer.

Por ello este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, reivindicamos el derecho de las mujeres en situación de pobreza y sin un hogar a disfrutar de una vida digna y segura y reclamamos una respuesta social e institucional suficiente y adaptada.

Te animamos a sumarte a esta campaña de FIRMAS a la Federación Española de Municipios y Provincias donde pedimos acabar con la Arquitectura Hostil a la vez que se buscan soluciones. #SeAcabó el miedo, se acabó la inseguridad y se acabó el sinhogarismo.

Súmate a esta petición en #SinAporofobia Arquitectura Hostil

 

Marina Sánchez Cuesta- Técnica de investigación e incidencia. | Proyecto No Discriminación, Aporofobia y Observatorio HATEnto.

 

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