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La regularización extraordinaria ya es una realidad: avances, límites y retos para las personas en situación de sinhogarismo

En el día de ayer, 14 de abril, el Gobierno aprobó el Real Decreto 316/2026, que modifica el Reglamento de la Ley de Extranjería, activando finalmente el mecanismo de regularización extraordinaria de personas migrantes que ya viven en España. Se trata de una medida de gran alcance, que podría beneficiar a cientos de miles de personas, y que permitirá acceder a una autorización de residencia y trabajo, así como a derechos básicos como la sanidad o la cotización a la Seguridad Social.

Desde HOGAR SÍ valoramos positivamente que, por fin, se haya dado este paso. Regularizar no es solo una cuestión administrativa: es una condición necesaria para garantizar derechos, prevenir situaciones de exclusión extrema y avanzar hacia una sociedad más justa.

Cuando el texto se sometió a audiencia pública, desde HOGAR SÍ presentamos aportaciones con un objetivo claro: hacer de la regularización una herramienta verdaderamente accesible para las personas en situación de sinhogarismo, y no un procedimiento que, por sus propios requisitos, reproduzca las barreras que históricamente han dificultado a estas personas del acceso a sus derechos.

Este análisis parte de una realidad ampliamente contrastada: en España, alrededor de la mitad de las personas sin hogar son de nacionalidad extranjera, y muchas de ellas se encuentran en situación administrativa irregular. La falta de permiso de residencia dificulta el acceso al empleo formal, al empadronamiento, a la vivienda y a los sistemas de protección social, generando un círculo de exclusión del que es muy difícil escapar.

Con la aprobación del Real Decreto 316/2026, se confirma la voluntad política de avanzar en la regularización de personas que ya viven en nuestra sociedad. En ese sentido, es un paso en la buena dirección. No obstante, una lectura inicial del texto aprobado muestra que muchas de las barreras estructurales que señalamos no han sido plenamente resueltas.

Una de las principales tiene que ver con la acreditación de la permanencia en el país. Aunque este requisito puede parecer razonable desde un punto de vista administrativo, en la práctica supone un obstáculo importante para muchas personas en situación de sinhogarismo, cuyas trayectorias están marcadas por la inestabilidad, la movilidad en busca de seguridad y, en muchos casos, la invisibilidad administrativa.

A esto se suma la complejidad del propio procedimiento. Aunque se ha planteado como un proceso ágil, sigue requiriendo la recopilación de documentación, la interacción con diferentes administraciones y, en muchos casos, un acompañamiento técnico continuado que no siempre puede adaptarse a las situaciones particulares que viven las personas en situación de sinhogarismo y que requieren un seguimiento individualizado.

Para las personas sin hogar, que a menudo enfrentan barreras adicionales de acceso digital, apoyo jurídico o redes de soporte, estas exigencias pueden convertirse en un obstáculo difícil de superar. Además, el seguimiento continuado de los procesos administrativos resulta, en muchos casos, inviable debido a la inestabilidad vital que atraviesan y a la necesidad permanente de priorizar la cobertura de situaciones de emergencia.

Por otro lado, el marco sigue estando fuertemente vinculado al empleo como eje de integración. Desde HOGAR SÍ insistimos en que no se puede exigir inclusión laboral previa a quienes no tienen garantizado lo más básico: una vivienda. Sin un hogar, resulta muy difícil sostener procesos de regularización e inserción laboral, lo que hace que la regularización, por sí sola, corra el riesgo de convertirse en una oportunidad limitada y de no lograr romper los ciclos de exclusión que afectan a las personas en situaciones más extremas.

Para que esta regularización tenga un impacto transformador, será necesario avanzar hacia criterios de acceso más inclusivos que reconozcan las trayectorias de exclusión, reforzar los dispositivos de acompañamiento, especialmente desde el tercer sector, y, sobre todo, impulsar políticas de vivienda que permitan que la regularización se traduzca en procesos de inclusión sostenibles.

La publicación en el Boletín Oficial del Estado del Real Decreto 316/2026, marca, sin duda, un hito relevante. Reconoce una realidad social y da un paso importante hacia la garantía de derechos. Pero también pone de manifiesto que regularizar, por sí solo, no es suficiente. Integrar sin abordar el sinhogarismo es dejar a muchas personas atrás.

Desde HOGAR SÍ seguiremos analizando el desarrollo reglamentario y la aplicación práctica del Real Decreto, así como trasladando propuestas a las administraciones competentes para garantizar que ninguna persona quede excluida por vivir sin hogar.

Porque regularizar no es solo ordenar una situación administrativa: es reconocer la dignidad, la presencia y los derechos de quienes ya forman parte de nuestra sociedad.

Aitor de la Fuente Sánchez, Técnico de Relaciones Institucionales en HOGAR SÍ.

 

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